El Observatorio Veracruzano de la Educación (OVE) es una organización de ciudadanos que busca contribuir a la formación y consolidación de una opinión pública, a través del análisis de las acciones o inacciones de las autoridades educativas y los gobiernos locales y del diseño de líneas de política alternativas.

miércoles, 8 de mayo de 2013

OBSERVACIONES SOBRE EL PROCESO DE REFORMA EDUCATIVA EN MÉXICO. SERIE: Ideas públicas.


Durante los últimos dos meses varios colegas, participantes activos del campo educativo en actividades de docencia, investigación, gestión y observación ciudadana, hemos venido conversando sobre el perfil, las posibilidades, los alcances y las limitaciones de las acciones que en materia de reforma educativa se han impulsado en México desde el inicio de la administración federal 2012-2018.

Con base en esos ejercicios, aquí se plantean algunas observaciones sobre el proceso general y las posibles implicaciones de las reformas actualmente en curso. Evidentemente, no se tocan todos los temas, pero en los abordados convergen las expectativas y las preocupaciones de más de un interesado en la educación del país.

1   La relación SEP-SNTE. Aunque de gran impacto en la opinión pública, la detención de Elba Esther Gordillo no ha redundado, al momento, en la configuración de una nueva dinámica de relaciones entre esos actores (SEP-SNTE). Tal vez sea prematuro intentar establecer las derivaciones de largo plazo de tal decisión político-legal, pero desde donde la observa quien aquí escribe, más que otra cosa, a la luz de eventos recientes, parece un ejercicio de fuerza para imponer una estrategia de control de cara a la agenda de reformas. Del lado sindical, a la fecha, la estructura, las dinámicas y las tradicionales prácticas internas a nivel nacional y en los estados de la república, siguen como siempre y no hay razones contundentes para prever cambios sustanciales en el corto plazo.

2   La evaluación. El peso que se otorga a la evaluación en el discurso abierto y lo que al parecer será su concreción en las leyes y otras acciones ya anunciadas, es, por decir lo menos, desmedido. La evaluación no tiene las virtudes ni otorga las herramientas que desde la parte oficial parecen conferírsele, en particular cuando se intenta articularla a un sistema de sanciones y recompensas. Peor todavía, por el tipo de indefiniciones que todavía tenemos en términos legales y programáticos, la evaluación ya está siendo desacreditada y no solo por los profesores. Al respecto, basta recordar el uso inadecuado de algunas evaluaciones estandarizadas en términos de su diseño, aplicación o incluso de la divulgación descuidada de sus resultados, que en no pocos casos, más que para incentivar la atención y la contraloría social, sirvió para etiquetar y estigmatizar públicamente a escuelas, profesores y estudiantes. Ahora que se pretende articular evaluación a permanencia laboral de docentes en la educación básica, tal instrumento tendrá muchos más frentes de resistencia. El proceder que observamos en este ámbito es una buena manera de poner mayor descrédito a la ya de por sí difícil tarea de evaluar, fundamental en el proceso educativo en cualquier nivel. Aunque el INEE es una iniciativa interesante y muy necesaria, pues puede proveer de información fundamental para la mejora, todavía hay razones objetivas para dudar de su eficacia.

3  Decisiones verticales y abiertamente antidemocráticas. Como es característico de una estructura política de rasgos fuertemente verticales y centralistas, México es todavía de esos países donde primero se toman decisiones cupulares y luego, cuando emergen las reacciones, se llama a la consulta o el diálogo, el cual, por cierto, tiene mínimo o nulo impacto en las decisiones ya tomadas. La democracia en las leyes y políticas educativas de México es un objeto extraño. Esto, por cierto, hace muy feliz a los aficionados a las decisiones “técnicamente ejemplares” que aparecen en no pocos medios masivos de información celebrando la forma en que el ejecutivo y el legislativo “convergen armónicamente” para aprobar las legislaciones de manera expedita. Pero los afectados directos, los que deberán implementar los cambios, y que además experimentarán las consecuencias en el ámbito laboral, son obligados de entrada, a mirar desde afuera las decisiones, lo que da cuenta de una de las prácticas más atrasadas en una sociedad que quiere llamarse democrática.

4   Políticas que no se evalúan. Una práctica regular del sistema político mexicano es que se toman decisiones sin evaluar sistemáticamente la evidencia disponible. Para el caso de la educación, por ejemplo: ¿Se ha evaluado la política de reclutamiento de profesores? ¿Se ha evaluado la política de evaluación de los últimos años? ¿Se ha evaluado la actual RIEB 2009, que tan cara ha costado en términos económicos, materiales y de prestigio? ¿Se han evaluado los cientos de programas educativos que llevan operando tantos años? ¿Cómo está siendo empleada la información disponible para informar el actual ciclo de políticas? De primera mano, sé que muy poca de la información disponible se usa, y al parecer, está presente la tentación de pulsar el botón de “reset”, por ejemplo, en materia curricular, para iniciar nuevos cambios sin evaluar sistemáticamente lo hecho en años recientes.

5.      El caso público y el olvido de derechos. El actual gobierno y muchos medios de información han convergido en la construcción de un “caso público” donde, según la evidencia y el tono, el estado terrible de la educación, de sus maestros, de los vicios del sindicato, etc., solo pueden tener una salida: para “salvarnos” tenemos que implementar las reformas, esas que se enmarcan dentro del “Pacto por México”. Quien esté en contra de ellas, está contra el progreso. Sin dejar de reconocer la necesidad de reformas, quienes construyen el caso público se quedan cortos en el análisis y la repartición de culpas y responsabilidades. Tres ejemplos de ello son: 1) en el mismo caso público debe estar la demanda por las condiciones lamentables en que miles de profesores y niños trabajan y estudian. Al día de hoy, en este momento, con este nuevo gobierno, este problema  no se están atendiendo a cabalidad. 2) Hay una gran cantidad de basura televisiva cargada de violencia, estereotipos, consumismo que llega todos los días a las casas mexicanas y por la cual los dueños de los medios no acusan responsabilidad social ni cultural. En el actual periodo de reformas, esto no parece ser un problema para nadie, ni en el sector gubernamental, ni académico. 3) Las condiciones de pobreza en que miles de niños viven y trabajan son un escándalo. En un país como México esto no debería darse, pero, como en los casos anteriores, no parece preocupar seriamente en el actual ciclo de reformas; iniciativas como las escuelas de tiempo completo están lejos de poder atender un problema de esta magnitud y sus implicaciones sociales y educativas. Esto, que no está en el caso público visible y sonoro, y que no son problemas cualesquiera son urgentes y su existencia raya en la franca transgresión de derechos humanos básicos, en particular de niños y jóvenes.

6.      Las políticas silenciadas. Hasta donde vamos en las reformas, hay temas olvidados para los cuales no se prevén políticas novedosas. Por ejemplo, la educación superior, para el trabajo, de las comunidades y pueblos indígenas, entre otras, están fuera de la agenda del debate público y político. Y qué decir del diseño y operación de la enorme estructura burocrático-educativa o del funcionamiento del sistema de formación continua del profesorado, que es caro e inefectivo. Por ejemplo, en el caso de la educación superior, como no sea por la queja anual relativa al ingreso de estudiantes a las universidades públicas, o por los resultados de las comparaciones internacionales que increíblemente todavía tienen eco entre algunos académicos, medios y uno que otro político, no se debate abiertamente sobre la calidad de la enseñanza o el funcionamiento y la pertinencia de los diferentes subsistemas ―como el tecnológico que tiene muchos problemas pedagógicos―. La política educativa en el sector educación superior es tendencialista y gradualista; y problemas como el creciente número de estudiantes que demandan ingresar a este nivel no se atienden mejorando o quitando los exámenes de ingreso, se necesitan más lugares en las instituciones educativas, renovación de la planta académica, reordenar y aumentar el gasto y mucho más. De eso, no se ha escuchado hablar con la intensidad necesaria.

7.      Diagnóstico desde un paradigma limitado. No pocos analísticas e inclusive académicos reconocidos señalan que el país está “sobre diagnosticado” o que “tenemos mucha información” para tomar las decisiones necesarias. En educación no creo que sea el caso, más cuando el diagnóstico se hace desde un paradigma social y político centralista y vertical, con un perfil crecientemente técnico-liberal y de orientación al mercado. Al respecto, sin dejar de ser, por ejemplo, liberales, si cambiamos el ángulo de análisis veremos que ni con mucho tenemos toda la información de calidad necesaria para entender el estado de la educación. Cuando la tengamos, una posible consecuencia será que las políticas tendrán que ser tan diversas como diverso es el país. Eso no le gusta a muchos políticos y menos a los “policy makers”. A ellos se les dificulta aceptar la idea de políticas diferenciadas, pues por lo regular prefieren pensar en las “buenas prácticas” (en los términos de la OCDE), en los estándares, en las comparaciones internacionales. Sin dejar de reconocer la pertinencia de los referentes externos, el mundo, por fortuna y para nuestro gran reto es mucho más complejo y dinámico. En un país como el nuestro, aunque a los “hacedores” y evaluadores de políticas, les parezca retrógrado, requerimos comenzar a innovar en esta materia, en lugar de aprender y repetir los manuales técnicos de políticas, que tan interesantes son, pero que muy poco pueden decirnos de las realidades tan diversas y complejas de México.

8.      El genuino derecho a disentir. Aunque son bienvenidas por el público abierto y gran parte del gremio académico, las actuales reformas tienen y tendrán adversarios fuertes. Eso está bien, no hay política sin disenso. En México está garantizado el derecho a la manifestación pública y hay mecanismos para combatir en diferentes terrenos los cambios que creemos van en contra de nuestros intereses. Pero es fundamental prevenir los escenarios de violencia; ésta no se justifica de ningún lado, ni para someter a quien resiste, ni para intentar subvertir a quien propone los cambios.

A nadie podemos engañar sobre la situación tan grave que vivimos en casi todos los frentes de la educación. Durante varios años se han pedido reformas serias al sistema educativo. Sin embargo, las que se están configurando, aunque en su sentido más general parecen viables, por la forma en que se están procesando y por las consecuencias que se visualizan de ello, no son para nada halagadoras. Desde la académica y desde la sociedad civil organizada tenemos la intención de mantener y llamar la atención sobre esto.
 
Dr. Ernesto Treviño Ronzón
Consejero del Observatorio Veracruzano de la Educación

Documento: Ideas públicas, 1/2013
Ideas públicas es una serie de documentos de observación y análisis sobre temas de coyuntura, escritos y difundidos por integrantes del Observatorio Veracruzano de la Educación. Su uso es abierto.

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